Video Promo Gelatinas 2009

•08/10/2009 • 1 comentario
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Puesta en Escena 2009

•07/10/2009 • Dejar un comentario

“Y tú ¿en qué cuadro te encierras?”

A finales de julio de este año decidimos retomar Las Gelatinas, había una deuda, (no solo con Proteatro quien afortunadamente nos dio un subsidio) también entre nosotros había cierta sensación de deuda con el proyecto, particularmente yo como directora sentía que había mucho más para dar, creatividad en saldo a favor.

Casi un año después del primer montaje la vida de todos había cambiado y en particular, tras la muerte de mi abuela en el mes de marzo, mi visión y sensación de las cosas también. De modo que releí Las Gelatinas tratando de olvidar todo lo que habíamos construido, imaginado y trabajado con ella. El objetivo del grupo era generar cosas distintas de lo que habíamos hecho antes, el antes serviría de plataforma y de ahí para arriba; tanto los actores con sus personajes como yo desde la puesta y la dirección general.

El primer nuevo objetivo de la dirección era hacer un montaje independiente, ya se que esta palabra dispara muchas cosas en el contexto del “teatro independiente”, en este caso el “independiente” se refiere a poder tener las gelatinas en cualquier tipo de foro más allá de las luces, los elementos escenográficos y la utilería, es decir, poder montar Gelatinas en cualquier lugar logrando prescindir de lo más posible y usar esto para enriquecer a pesar de la posible contradicción; después de todo, teniendo buenas actuaciones y estando todos convencidos de esta realidad que generaríamos, el resto el público bien puede imaginarlo y hacer de la puesta algo mucho más interesante. Esta premisa, obviamente, obligó a renunciar al realismo del primer montaje, cosa que nos agradó bastante, en aquel había tantos cambios de vestuario como días indicados en el texto, construimos la casa de la Madre y Roberto desde los tapetes (alfombras), hasta los cuadros en las paredes, pasando por las plantas muertas del florero, las fresas (frutillas) para las gelatinas, etc. Ahora no, antes había cocina, sala, estudio, salida a la calle, escaleras en escena, una segunda planta, era de una generosidad opípara, el público tenía miles de detalles para entretenerse. Ahora intentaríamos usar una superficie de 4×3 metros para que ahí pasara todo.

Empezamos a trabajar con estos 4×3 y la costumbre nos obligaba a definir salidas, entradas, puertas imaginarias, etc. Al principio unas telas iban a delimitar esta superficie y el público vería las actuaciones a través de estos delgados límites, los actores saldría y entrarían del 4×3 pos las esquinas que las telas dejarían libres y luego me di cuenta que eso nos haría dependientes de cómo colgarlas y en dónde, así que adiós telas.

La “realidad” ocurre en este 4×3 que está delimitado sencillamente por una cinta adhesiva en el piso que además es colocada por los mismos personajes, porque precisamente cada uno en su vida delimita sus propios mundos con tela adhesiva o paradigmas, prejuicios, ideas que fosilizamos y dejamos de cuestionar, líneas imaginarias de las cuales nos cuesta un trabajo titánico salir, ¿qué realidad nos fabricamos? ¿qué límites nos dibujamos a nosotros mismos? ¿qué pasa cuando rompemos estos límites? ¿qué pasa cuando rompemos la definición de nosotros mismos, el cajón en que decidimos meternos, categorizarnos (o en el que categorizamos a los demás)? Cómo si la vida fuera estática y aceptara líneas inmutables, la vida es cambio, muerte, transformación… inevitable.

La interacción con estos límites de cinta es más profunda aún. Cuando los personajes están dentro del límite no pueden ver hacia afuera, perciben los sonidos, si prestan atención se darán cuenta que afuera hay vida, sin embargo desde afuera puede verse y oírse perfecto lo que pasa dentro. Habrá momentos en que los personajes puedan salir y entrar de ese cuadro libremente, y lo interesante es justo eso, cuando uno se da cuenta que puede salir y sin embargo vuelve a entrar (¿será tal vez un intertexto involuntario o subconsciente de “A Puerta Cerrada” del Señor Sartre?). Después de todo ¿no somos así? no es tan extraño encariñarse con la prisión, con la pecera que nos contiene, encontrar el hueco cómodo dentro de la incomodidad, que nos dejemos amaestrar…

La puesta en resumen se resuelve efectivamente sin necesidad de luces, escenografía que vaya más allá de la silla de ruedas que adoptamos como símbolo del pasado y presente de esta familia enferma, una televisión y un teléfono inalámbrico roto, una grabadora vieja y una mesa, de utilería: una jarra con agua y vasos, el álbum de fotos familiar y un cepillo. Mucho más importante es la convención de la interacción con estos 4×3, su adentro y su afuera, y el desarrollo de la historia con el sentimiento de estos personajes… Y el valor del espectador de hacer suya esta historia incómoda y quitar una que otra cinta adhesiva de su vida cuando salga del teatro.

Ojalá la disfruten. Todos los comentarios son bienvenidos.

V.

Puesta en Escena 2008

•27/09/2009 • 2 comentarios

La supresión

¿Por Qué?

El montaje de Las Gelatinas por el grupo Teatro de Cuarta surgió como resultado de la movilización de todos los integrantes por hacer un reclamo social. Decidimos comenzar el trabajo a principios del mes de abril con la motivación no solo de hacer teatro, sino de buscar impactar en el espectador mostrándole a estos personajes, que rozan muy de cerca lo grotesco, en forma naturalista. Lo que buscamos es que de primera impresión el espectador vea un lugar que puede ser suyo y que a lo largo de la obra se sienta incómodo con eso que en algún momento hizo propio. Que se cuestione en el oscuro final si realmente él es diferente de estos personajes.

El texto está plagado de situaciones incómodas y diálogos inconclusos, en donde los personajes principales intentan comunicarse pero no lo logran por temor a confrontar lo que realmente ocurre dentro de si mismos. Siempre es más fácil incorporar el rol de víctima y victimario. Por considerar muy comunes este tipo de roles en las dinámicas familiares (y por ser estas dinámicas la base sobre la que se construye la sociedad) es que nos interesa montar este texto, para gritar al espectador que se de cuenta que no son sólo los otros quienes suprimen a los demás, Las Gelatinas pretende que nos demos cuenta que hay muchas formas de acorralar a la gente que decimos amar.

¿Cómo?

El objetivo del espectáculo es movilizar, por lo tanto la puesta escenográfica y la disposición del espacio escénico tendrá que involucrar al espectador a como de lugar y como la sala/foro lo permita. La distribución del espectador será la más cercana posible a los actores, en un inicio y determinado por el teatro en donde se estrenó en Septiembre del año en curso, las gradas donde el público se sienta estarán colocadas en posición diagonal con respecto al escenario, para generar una sensación inusual y hasta cierto punto incómoda, para colocarse en sus asientos el público tendrá que cruzar el escenario, lo cual le forzará a sentirse más dentro de la casa de esta familia, al público le dará la bienvenida en la entrada del teatro un par de lámparas iguales a las que están en el escenario. En la medida en que el espectáculo se presente en distintos foros siempre ha de romperse con la disposición “a la italiana” para acortar la distancia entre público y personaje (esto no quiere decir que estos tendrán contacto).

A través de una escenografía realista lograremos que el espectador reconozca el espacio como suyo fácilmente, y con elementos más abstractos, como la ventana que no es más que cuatro rombos de papel colgando del techo del teatro iluminados en rojo con sombras de rejas; momentos en que la iluminación rompe el realismo y se torna fantástica y congela ciertos momentos, etc. Enviamos mensajes mucho más artísticos y metafóricos sobre la emocionalidad de los personajes y la fuerza de las sitauciones. El desorden de esta casa demasiado usada también será un factor determinante, esto respalda el hecho de que pareciera que en esta casa no pasa el tiempo más que por las cosas que se van acumulando en ella.

El olfato jugará también un papel importante para lograr este cúmulo de sensaciones, con naftalina y olor a humedad es imposible escapar al ambiente de una casa demasiado vivida.

El trabajo de dirección con los actores, a lo largo de los casi seis meses de trabajo tuvo como prioridad, además de la indispensable organicidad, que los actores sientan esa interdependencia, la dinámica de un personaje siempre dependerá de otro personaje

El mayor reto al que también se abocó el proceso de ensayos fue a generar,  a través de sus actuaciones solamente, diferentes ambientes, llenar el espacio con una energía que se distinga de aquella con la que alguien puede entrar a una sala de teatro viniendo del día cotidiano. Producir la energía que tiene que vibrar en las paredes de esa casa en donde habitan estos seres. El mayor reto es ese, no solo lograr la atención del espectador sino producir continuamente en él sensaciones que hagan que quiera movilizarse, que quiera irse, que provoquen todo el tiempo algo sea agradable o desagradable, ya que finalmente pensamos que ese es el fin del arte.

Desarrollo Argumental

•23/09/2009 • Dejar un comentario

Escena 1

Dentro de una casa vemos a Erik un hombre que suelda rejas en una ventana, sale Roberto e intenta entablar una conversación con él sin tener mucho éxito. Desiste y empieza a preparar gelatinas, dentro de un juego con el líquido comienza a masturbarse acto que provoca el desorden de los vasos de gelatina.

Escena 2

La madre entra a escena después de contestar el teléfono que sonaba y afirma que Roberto murió hace tiempo. Cuelga el teléfono y él en acto de rebeldía se toca, la madre lo reprende. Mientras hacen las gelatinas él le pregunta por qué no puede salir con ella y ella responde “porque ya te moriste”. Ella sale a la cocina, cuando vuelve lo ve tocándose de nuevo y rompe a llorar desesperada. Se tranquilizan, ella se prepara para ir a la calle y él en un impulso le pide una mujer.

Escena 3

Erik al haber escuchado la petición, le da una revista pornográfica y por primera vez rompen el hielo. Roberto emocionadísimo sube al estudio con su revista.

Escena 4

La madre entra a la casa con una niña de 12 años para Roberto. Los deja solos, la niña está aterrada, él se le acerca de a poco ganándose su confianza hasta que empieza a acosarla, la madre vuelve a escena y le ofrece gelatinas, le da una y después, frustrada por la petición de la niña se la lleva.

Escena 5

La madre teje en el sofá, el teléfono suena, mientras ella habla baja una prostituta del estudio, la madre cuelga apresurada. La prostituta le dice que Roberto no pudo, la madre le abre la puerta y le paga menos de lo que habían acordado.

Escena 6

La madre y Roberto miran televisión. Roberto entra en una crisis de paranoia cuando la mamá sale a la cocina para pagarle a Erik. Ella vuelve, le da una pastilla, sale de nuevo a la cocina. Suena el timbre, Roberto se descompone otra vez y se opone a que la madre abra por miedo a que vayan a matarlo.

Escena 7

La madre abre la puerta y se presenta Chuy quien llega porque le avisaron que en esa casa necesitan una prostituta. La madre la cuestiona, Roberto se fascina con ella y finalmente salen al estudio ella y él.

Escena 8

Erik le da clases de salsa a Roberto, le dice “canijo” y Roberto se molesta, interrumpe la lección de baile y Erik fastidiado le dice que él no es su amigo que solo siente lástima por él. Roberto decepcionado sale hacia el estudio. Erik se va.

Escena 9

Roberto canta emocionado una canción con la música muy alta, la madre (haciendo gelatinas) se molesta y le apaga la música. Roberto distraído le dice que está enamorado, ella se asusta, lo regaña y al no captar su atención ni modificarlo intenta agradarle y le ofrece jugar con él, llevarlo a otra ciudad, el lo rechaza, el timbre suena y ella no quiere abrir. Él le muestra un álbum de fotos y la cuestiona de por qué él se ve feliz en las fotografías, no recuerda nada. Él se hace consciente de que todo en la casa se ve viejo, discuten y la hace abrir la puerta.

Escena 10

Se escuchan sonidos de Roberto y Chuy en el estudio que la madre está escuchando, Chuy sale del estudio y se encuentra a la madre llorando en su mesa de gelatinas, a la defensiva le dice que ahora le paga para que se vaya, Chuy le dice que puede esperar y empieza a ayudarle con las gelatinas, charlan y ella le cuenta a la madre que tiene un hijo de 10 años “medio sordo”. La madre se conmueve y cambia su actitud hacia ella.

Escena 11

Chuy, está en el sofá, nerviosa. De la cocina viene ruido del niño y la madre jugando. Chuy, decide no volver más a la casa porque Roberto “dice cosas raras” así que sube a comunicárselo a Roberto quien se afecta demasiado, la madre intenta convencerla, quiere que el niño se quede. Chuy y el niño se van.

Escena 12

La madre y Roberto solos en casa de nuevo, ella molesta y demacrada hace gelatinas, él tranquilo (como drogado) la tranquiliza. La madre sale y vuelve con maletas, prepara a Roberto para salir mientras él le relata un recuerdo de su infancia cuando iba a la escuela en el colectivo. Roberto empieza una cuenta regresiva, corre a la ventana y dice adiós a un avión. La madre con las maletas se dirige a la puerta y Roberto la sigue.

Escena 13

Chuy haciendo gelatinas y el niño jugando. La madre sale del estudio para tirar medicamentos caducos mientras le da indicaciones a Chuy sobre la venta de las gelatinas, se le ve tranquila, contenta. Chuy está como en su casa junto con el niño que juega con sus juguetes. La madre no encuentra sus llaves para poder salir a ver a Roberto al siquiátrico. Le pide a Chuy que le abra con sus llaves. Salen. El niño queda jugando con las gelatinas en la mesa.

Oscuro Final.

Las Gelatinas – Sinopsis

•23/09/2009 • Dejar un comentario

LAS GELATINAS, de Claudia Ríos

La obra nos muestra la convivencia de una madre, mujer de tintes conservadores, que trabaja en casa haciendo gelatinas diariamente para venderlas y mantener a su hijo Roberto, un hombre que pasa de los 30 años y vive encerrado tomando coca colas y viendo televisión, sin tener más contacto con el afuera más que a través de un hombre que pinta y arregla los desperfectos de la casa. Esta rutina enfermiza de un hijo aniñado por una enfermedad indefinida y sobreprotegido por una madre fuera de lo común, tiene un giro rotundo cuando una prostituta engarza en la dinámica familiar poco a poco.